Carla Romero,
se gana la vida vendiendo helados en los semáforos de Surco.

Vivía en Caracas, cerca de la Av. Bolivar y se dedicaba a ser radiologa, pero en los últimos días que vivió en Venezuela, se dedicó a ser costurera, después de aceptarme las fotos, me admitió que se quería devolver, pero había que trabajar para comer y especialmente mantener a su familia en Venezuela.

 

La realidad venezolana para ninguno es sencilla,  no es como si pudieras sacar una vida nueva en una caja de Corn Flakes (escribí conflei como 3 veces jajaja), llegar sin una cama para dormir, cocinar, sentarte o guardar tu ropa, sin conocer a nadie, te cuesta entender lo que dicen, te cuesta explicarte muchas veces, al principio es duro y a eso hay que sumarle el hecho de saber que nuestra familia y amigos esta en un verdadero infierno que no se puede explicar fácilmente, pero “hay que trabajar”, como dice ella.

A Carla le tocó vivir la realidad del inmigrante Venezolano, cobrando apenas unos 40 o 50 centavos por cada uno y ganando unos 25 o 40 soles diarios se gana la vida vendiendo “Marcianos”, estos son lo que nosotros conocemos como “Chupi-chupi” pero con rellenos de jugos naturales, al mejor estilo de un helado de “Teta”. Es común ver a muchos chamos venderlos en los semaforos de toda Lima, pero hay veces en que la policía los ahuyenta, ya que en ciertos sectores esta prohibido la venta de ambulantes.

De Radiología al semáforo.

Carla Romero, es una de las tantas profesionales Venezolanas que decidió emigrar. Hoy esta en Surco y esta es su historia.

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